lunes, 18 de febrero de 2008

MINISTERIO DE LECTORES EN LITURGIA CATOLICA

MINISTERIOS INSTITUIDOS

“Instituir” significa en latín establecer a alguien en un estado determinado o bien establecer algo iniciándolo oficialmente.

Los ministerios instituidos son el lectorado y el acolitado. El lector es instituido para la función que le es propia, leer la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica, y el acólito es instituido para ayudar al diácono y prestar su servicio al sacerdote.

Estos ministerios instituidos se reciben normalmente como preparación a las órdenes sagradas.

Tanto el lectorado como el acolitado son ministerios laicales que solo pueden ser conferidos a varones, aunque ya en muchos lugares las mujeres también pueden formar parte del ministerio de lectores, por razones pastorales.

Con su proclamación de las lecturas, el lector, ayuda a la comunidad a captar en las mejores condiciones posibles lo que Dios le dice.

El ministerio de leer en la asamblea no es presidencial. Proclamar el Evangelio ha sido reservado desde antiguo a un ministro ordenado, pero las lecturas anteriores y el salmo responsorial, así como las intenciones de la oración universal son ministerio de laicos.

El breve rito se ha incluido en el Ritual de Ordenes. Al lector no sólo se le encomienda la proclamación de las lecturas de un modo oficial y estable, sino también el encargo de formar a los lectores no instituidos, organizar la catequesis, etc.

El que les instituye ora diciendo: “concédeles que, al meditar asiduamente tu Palabra, se sientan penetrados y transformados por ella y sepan anunciarlas, con toda fidelidad, a sus hermanos”. Y les hace entrega del libro de las Escrituras.

II. PROPOSITO DEL LECTOR

A. Generalidades:
La Palabra de Dios conocida como “Biblia” trata de las relaciones entre Dios y el hombre. Por medio de ella, Dios se revela a sí mismo y da a conocer su voluntad y su propósito redentor. Para revelarse al hombre Dios se valió de seres humanos inspirados por su Espíritu Santo. Su Mensaje a demostrado poder no igualado para cambiar la vida humana, así individual como social. Por eso cuantos han experimentado ese poder transformador y dan de él su testimonio al mundo, se refieren a la Biblia como la “Palabra de Dios”.

Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8:31-32

La proclamación de la palabra de Dios es verdaderamente un servicio a la Iglesia. Los lectores presentan la palabra viva de Dios a la asamblea de la comunidad de fe que se reúne. Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras es Dios mismo quien habla a su pueblo... Por esa razón el ministerio de la palabra, debe de ser tratado con gran dignidad.

Dentro de la liturgia, la Palabra de Dios no es solamente para leerla, sino para proclamarla. Una proclamación bien hecha incluye la entrega del mensaje en una manera clara, convincente y a paso apropiado. También exige la habilidad de suscitar la fe en los demás, demostrando la fe personal. Siendo un ministerio en el cual la fe del ministro está presupuesta, este ministerio deberá de aumentar la fe en aquellos que escuchan la palabra que se proclama.

Lo ideal es que la asamblea escuche la proclamación de las escrituras en vez de seguir las lecturas por medio de un misal. Cuando la asamblea escucha en comunidad, los fieles no solamente experimentan la unidad entre sí, sino también la misma presencia de Cristo, quien les habla en su palabra.

Al proclamar la palabra de Dios, los lectores están ejerciendo la responsabilidad de meditar en la presencia de Cristo. Dios le habla a los feligreses a través de ellos. El impacto del mensaje de Dios va a depender significativamente de la convicción, la preparación y la manera como se da el mensaje.

La Reverencia hacia las escrituras es importante porque la iglesia ve una conexión íntima entre “La mesa de la Palabra de Dios” y “La Mesa de la Eucaristía”. En una, el pacto divino se anuncia y la iglesia crece en su sabiduría; en la otra, se renueva el pacto y la Iglesia crece en santidad (LDM, no 10).

La gran abundancia y variedad de las lecturas en el Leccionario reta a aquellos que proclaman las escrituras en la Misa. Los sagrados autores reflejan individualmente en el significado de las acciones de Dios en la historia, desde sus propias perspectivas y en su propio estilo. Ellos también emplean varias formas literarias para transmitir el mensaje de Salvación. Esta Variedad va desde las narraciones y poesía de los salmos proféticos, hasta los oráculos y parábolas; de las exposiciones teológicas hasta las visiones apocalípticas.
Un reconocimiento de las formas literarias de las lecturas en particular, el conocimiento del estilo de los santos escritores, le facilitará al lector y a los salmistas el proclamar con un mejor entendimiento el tono y significado de los textos. Utilizando recursos bíblicos extras como los comentarios de la Biblia, puede ayudar al lector a descubrir el significado y propósito de un pasaje bíblico en particular.
Un Ministerio genuino es un servicio con humildad. Un modelo para los lectores es Juan Bautista “Es necesario que él crezca y que yo disminuya” (Juan 3, 30) también se dijo de él “Aunque no fuera él la luz, le tocaba dar testimonio de la luz” (Juan 1,8) en orden de poder servir a la comunidad y dar testimonio de la Palabra, el lector debe dejar a un lado todas las agendas y necesidades personales.

B. La formación de los Lectores debe de incluir los siguientes elementos:

• Preparación Espiritual
• Formación Bíblica
• Formación Litúrgica
• Preparación Técnica

En la ausencia del Diácono, el lector lleva el Libro de los Evangelios un poco elevado al frente del sacerdote celebrante en la procesión de entrada y lo lleva hasta el altar. (Leccionario de Misa, no. 55).

El Leccionario no se debe llevar en la procesión; debe mas bien de estar listo con las lecturas del día en el púlpito antes de que empiece la Misa. El Libro de los Evangelios no se lleva en la procesión al final de la Misa. ( IGMR 2000, nos.120d., 128,194-195; Libro de los Evangelios [LE], nos 9 & 22 ).

La preparación general para el ministerio de lector incluye dimensiones espirituales, bíblicas y prácticas.
La preparación espiritual incluye oración acerca del texto y reflexión del contenido de su mensaje; esto puede hacerse solo o en grupo.

La preparación bíblica incluye el entendimiento y la interpretación del texto en forma suficiente para que despierte una respuesta de parte de la asamblea. Esta preparación incluye la lectura del pasaje en su contexto, así como también la búsqueda de ayuda por medio de comentarios bíblicos y otros materiales.

Preparación práctica: incluye la pronunciación correcta de palabras dificultosas, el aprendizaje de la pronunciación correcta y la práctica de la lectura del texto en voz alta, si es posible haciéndolo en presencia de alguien que sea capaz de corregir los defectos de la lectura.

La preparación inmediata también es de esperarse. Esto incluye el llegar con bastante tiempo antes de la liturgia, localizar las lecturas en el Leccionario y revisar el sistema de sonido.


C. Requisitos del Lector:
Þ Para que los fieles lleguen a adquirir una estima viva de la Sagrada Escritura por la audición de las lecturas divinas, es necesario que los lectores que desempeñen este ministerio…sean de veras aptos y estén cuidadosamente preparados.

Þ Aquellos que quieren ser ministros de lectura deben de ser miembros de la parroquia y de edad adecuada y lo suficientemente competentes para emprender este ministerio.

Þ Un conocimiento básico de la Biblia, un deseo de aprender acerca de las escrituras y poseer la habilidad oral necesaria para la proclamación de la palabra, son cosas necesarias para este ministerio.

Þ El ministerio de la palabra requiere un entendimiento de las escrituras, conocimiento de los principios de la liturgia, y habilidad para leer en público.

Þ Los lectores deben ser Católicos prácticos, completamente iniciados en la Iglesia y sus vidas deben de ser un verdadero testimonio de la palabra que proclaman.

Þ Una vez que los lectores hayan sido preparados para ejercitar su ministerio, es muy recomendable que sean instituidos en su ministerio públicamente con una bendición, preferiblemente durante la Misa dominical. Esto se hace por medio de la ceremonia de “Bendición de Lectores” que se encuentran en el Libro de Bendiciones.

Þ Durante las liturgias de bodas o funerales se permite a miembros de la familia o a amigos leer, aunque no hayan sido formalmente entrenados e instalados como lectores. La parroquia es la encargada de proveer un lector con experiencia para que los guíe e instruya.

Þ En situaciones especiales y por razones pastorales, por ejemplo en liturgias de la escuela parroquial o liturgias de educación religiosa, se puede permitir proclamar la palabra a un joven o una jovencita que no esté totalmente iniciada en fe, pero debe de preparársele apropiadamente. El contacto con la palabra de Dios, ha cambiado los corazones de quienes menos nos imaginamos.

D. Algunas Sugerencias Prácticas

* Los lectores no deberán añadir nada a las introducciones a las lecturas que aparecen en el Leccionario, tampoco deberán añadir al texto ninguna de sus propias palabras.

* La introducción a alguna lectura, por ejemplo: “Lectura del Libro del Éxodo” y el final de la lectura “Palabra de Dios,” debe distinguirse del texto de la lectura por medio de una breve pausa.

* Si el salmo responsorial se recita, los lectores deben de comenzarlo con la antífona y siempre repetir la antífona con la asamblea después de la recitación inicial y después de cada verso. No es necesario anunciar: “La respuesta es o el salmo responsorial es…”

* Los lectores proclaman la palabra del Leccionario que está en el ambón o mientras lo sostienen en sus manos. Nunca deberán de levantar en alto el Leccionario mientras dicen “Palabra de Dios.”

* Los lectores nunca deben hacer algo para llamar la atención hacia ellos. El vestuario debe ser apropiado pero modesto, para demostrar el carácter de dignidad del ministerio.

* Saber como usar el calendario para encontrar la lección del día.

* Hacer la lectura con expresión, pero NO como un drama.

* Saber como introducir la lectura y como terminarla (para esto hay que conocer el texto con anterioridad)

* Las lecturas ha continuación sirven para enfocar sobre el puesto en la comunidad y su vida Cristiana:

• Romanos capítulo 12
• Efesios 8
• Gálatas 5 . 6

E. Símbolos en la Liturgia de la Palabra:

Para asegurar la efectividad pastoral de la liturgia de la palabra, es importante que se de atención a los símbolos de la liturgia.

Los símbolos que forman parte integral de cualquier celebración de la palabra son: El lector(es), el libro(s), el ambón, y las procesiones.


1. El lector:
Sirve como uno de los fieles que asiste a la asamblea y tiene que participar en toda la liturgia. Es impropio que el lector solamente participe activamente en la liturgia de la palabra y luego se desatienda de lo grandioso que sucede en la liturgia de la Eucaristía, como si su función concluyera al terminar de leer.

2. Los libros:
Que contienen la palabra deben de ser dignos y bien seguros, estos son el Leccionario y el Evangeliario. Las lecturas siempre se proclaman de libros litúrgicos que son los libros oficiales. Por ultimo, estos libros...por la dignidad que exige la Palabra de Dios, no deben ser sustituidos por otros subsidios de orden pastoral, por ejemplo, por las hojitas que se hacen para que los fieles preparen las lecturas o las mediten personalmente.

3. El Ambón:
La proclamación de la palabra se hace desde el ambón. Debe estar en un lugar elevado, fijo, de diseño apropiado, y con la debida nobleza que refleje la dignidad de la palabra de Dios. Velas y otras decoraciones pueden colocarse alrededor. El ambón se reserva para las lecturas, el salmo responsorial y el pregón pascual. Puede también usarse para la homilía y la oración de los fieles. Es mejor usar un pequeño atril para el cantor y los anuncios.

4. Las procesiones:
Son acciones litúrgicas muy importantes. Los lectores pueden participar en la procesión de entrada. El diácono ( o el lector en la ausencia del diácono) deberá de llevar solemnemente el Evangeliario el cual siempre se coloca en el altar. El Leccionario de la Misa nunca es llevado en la procesión y debe de colocarse de antemano en el ambón.

La procesión del evangelio es un ritual importante en la liturgia de la palabra, aunque algunas veces no se exprese plenamente en cada liturgia. Después de la segunda lectura y una corta pausa que le sigue, cuando el diácono, o el sacerdote cuando no hay un diácono, lleva el Evangeliario en procesión, desde el altar hasta el ambón.

En la procesión lo pueden acompañar monaguillos con el incensario y cuando sea apropiado con cirios. Cuando se usa el incienso, el Evangeliario es incensado después del diálogo introductorio y antes de ser proclamado el evangelio. El Evangeliario no es llevado en la procesión de salida.

F. Procedimientos Durante La Liturgia:

1. Ritos de Introducción
Si no hay un Diácono presente, el lector debe de llevar el Libro de los Evangelios un poco elevado en la procesión. El lector sigue a los monaguillos en la procesión de entrada. (Si hay un Diácono presente, él debe de llevar el Libro de los Evangelios). Sin hacer venia el lector debe de colocar el libro en el altar y pasar a sentarse. (LE, no. 9).

Sólo el Libro de los Evangelios se debe de llevar en la procesión. El Leccionario de la misa debe de estar listo en el púlpito, abierto en la página de la lectura correspondiente a ese día.

2. Liturgia de la Palabra
Para envolver más gente en el ministerio activo y para ayudarle a la comunidad a apreciar el contenido de los diversos pasajes de las escrituras, es mejor tener un lector diferente para cada una ( LDM, no 52 ).
Para propiciar la meditación, un breve momento de silencio se debe incluir entre las lecturas ( IGMR 2000, nos. 45 & 56 ) Así que las lecturas no se deben de hacer apresuradamente.
El Leccionario dice que se debe hacer una introducción simple, por ejemplo: “Lectura del libro [Carta] de...” No hay necesidad de decir el capítulo o el verso. Al concluir la lectura el lector debe pausar un momento, hacer contacto visual, y anunciar: “Palabra de Dios”.

El lector espera a que la asamblea se siente. Mirando y haciendo contacto con ellos, el lector anuncia la lectura, hace una pausa y luego empieza con el pasaje.

Al concluir la primera lectura, el lector debe permanecer quieto y en silencio por un momento y después debe regresar a su asiento.

La salmodia está diseñada para cantarse; cuando solamente se recita pierde mucho de su poder. Debido a que el salmo responsorial de la Misa es parte de la liturgia de la palabra, es propio que el salmista o cantor lo cante desde el ambón, aunque también lo puede hacer desde otro lugar apropiado.

El salmo responsorial debe hacerse desde el púlpito. Aún cantando las respuestas solas (o leyendo el Verso) fomenta el canto de la comunidad y les ayuda a entender y a meditar acerca del significado espiritual de los Salmos.


Cuando el salmo no se canta debe de ser leído en una manera que conduzca a la meditación en la palabra de Dios. (LDM, nos. 20-22; Instrucciones Generales del Misal Romano 2000 - 3rd típica ed. [IGMR 2000], nos. 61 & 309).

El segundo lector sigue el mismo procedimiento como para la primera lectura. Cuando ha terminado de leer, el lector remueve el Leccionario del púlpito y regresa a su asiento.

En la aclamación del evangelio el pueblo expresa con alegría su encuentro con el Señor. La aclamación también expresa su fe en forma de canto. Si la aclamación del evangelio no se canta, debe de omitirse.

En la ausencia de un Diácono el lector o el Cantor debe de empezar con las intercesiones o intenciones generales desde el púlpito siguiendo las instrucciones del celebrante para estas oraciones (LDM, nos. 30-31; IGMR 2000, no. 71). Cuando el sacerdote termina las intercesiones el lector regresa a su asiento.

a) Destrezas de Comunicación:
A la hora de proclamar las lecturas, es importante tener en cuenta ciertas destrezas, como lo son:

* Contacto Visual
* Enunciación
* Dicción
* Inflexión
* Pauta / Paso
* Proyección
* Pronunciación

3. Ritos de Conclusión
Si el lector está sentado en el santuario, antes de la despedida y bendición final, el lector debe de estar en la línea de la procesión al frente del altar. Cuando el Celebrante y los otros ministros hacen la venia, el lector debe también hacerla debidamente. Todos los ministros proceden a caminar en la procesión de la misma manera y en el mismo orden de la entrada, al principio de la Misa.

Ni el Libro de los Evangelios, ni el Leccionario deben ser sacados de la iglesia. Se asume que la Palabra de Dios ha sido proclamada y debe de estar en los corazones y en las mentes de los fieles. Ellos se convierten en la “Palabra Viva” que sale de la Iglesia.

G. Instalación De Los Lectores:

El Libro de Bendiciones, Capítulo 61, provee una “Orden para la Bendición de los Lectores” que debe ser usada cuando se comisionan / instalan nuevos lectores.

Los lectores deben ser instalados por un tiempo específico, quizás por dos años o el tiempo que el párroco del lugar considere prudente. Esto le permitirá al lector y a la comunidad beneficiarse de este ministerio. La recertificación y comisión, como ya se mencionó, debe depender de las normas de cada parroquia y de sus programas.

Como con todos los ministerios litúrgicos, es mejor para la persona y para la parroquia que una persona sirva únicamente en un ministerio en cada liturgia. Así que una persona no debe ser el lector y el ministro de la eucaristía en la misma Misa, por ejemplo.


H. Formación Continua:

Cada parroquia debe tener un programa continuo y extensivo de formación para aquellos que proclaman las escrituras durante la Liturgia. Los lectores deben ser educados en los elementos básicos de la Liturgia.

Por encima de todo la preparación y ejercitación de cada lector individualmente debe de ser espiritual.

La preparación espiritual puede de manera esencial incluir oportunidades de oración constante, de compartir y estudiar las escrituras. El lector (a) debe hacer de su vida una continua oración.

Los lectores deben de estar siempre preparados a leer aún cuando no están asignados.

En conclusión: El Ministerio del Lector permite servir a la parroquia como Ministros de la Palabra.

Esta es una gran oportunidad para reflexionar en las palabras e ideas de nuestra fe, una oportunidad de entender más profundamente por qué creemos que Cristo está con nosotros y que Dios está presente en nuestras vidas.

La capacidad de leer en voz alta, con sentimiento y significado, no es solamente, la única aptitud requerida para ser parte de este ministerio. Para esto, es necesario invertir tiempo y esfuerzo para entender bien las ideas expresadas en las lecturas a fin de poder proclamarlas de manera que todos las comprendan. Pero
sobre todo es indispensable la coherencia que el lector debe tener, en lo que proclama y vive.

La recompensa es que a medida que el lector se prepara para leer, él o ella usa ese tiempo de preparación para reflexionar en las lecturas y logra un entendimiento más profundo y claro de lo que las “palabras” significan.

El Ministerio del Lector puede ser un desafío, una experiencia profundamente gratificante y una jubilosa expresión de fe.

Es preciso insistir que la constante meditación de las lecturas que a diario proclamamos, nos ha de llevar de la mejor manera a vivir con coherencia lo que con nuestra voz, invitamos a vivir a los demás.

Por eso es necesario conocer los medios que la iglesia por medio de todos su hijos que a lo largo de la historia han experimentado las dulzuras de estar en la presencia de Dios nos han transmitido acerca de la oración, ese dialogo de amor con Dios.

1 comentario:

maria rodriguez dijo...

Mi nombre es Juventino Rodriguez tengo La Bendición de ser un fiel participante del ministerio de Lectores Aproximadamente dos Años con La gracia de Dios puedo sentir Las bendiciones de Dios en mi familia y ir fortaleciendome en fe y en sabiduría para gloria y honra de Dios hermanos si estas mirando esta publicación pongámonos en oración por todos Los Lectores del mundo entero Amen y que Dios Los Bendiga por Siempre